En el nombre de mi hija

“En el nombre de mi hija” es la carta abierta que le escribí a la ministra de Salud Carmen Castillo en julio de 2016 ante las reacciones pos vacunatorios de mi hija Emilia.


Estimada

Ministra de Salud Carmen Castillo

Presente.-

Mi nombre es Sue Carrié de la Puente, madre de Emilia, niña de un año de edad. En esta ocasión le escribo por una inquietud que no considero solo mía, sino que también de otros que deben y han vacunado a sus hijos.

Quienes vacunamos a nuestros hijos sabemos de la importancia de protegerlos de enfermedades letales y que, hasta hace no mucho, se creían controladas por el Plan Nacional de Inmunizaciones (PNI). Pero sabemos que las condiciones climáticas, entre otros puntos, ha hecho que vuelvan algunos temores sobre el re-brote de enfermedades que se creían controladas.

A los dos meses de nacida mi niña, con mi pareja la llevamos a vacunar en el plazo que el PNI y nuestra pediatra lo indicaba. Fue nuestra primera experiencia traumática, y lo mismo nos ocurrió hace unos días. A Emilia, al cumplir su primer año, se le aplicó la Tres Vírica, la Meningocócica y Neumocócica conjugadas. Todas a la vez. Tres pinchazos seguidos.

Si bien estábamos informados de los síntomas pos vacunatorios (fiebre, malestares físicos y posible dolor y enrojecimiento de las zonas pinchadas), no puedo dejar de inquietarme por la situación que experimentó mi hija y por la que deberán pasar otros niños que, a tan temprana edad, sufrirán un proceso doloroso y hasta traumante para ellos y sus padres. Más aún cuando me entero por la pediatra de mi hija y de las páginas web de clínicas del país que existen vacunas que sustituyen las del PNI, pero con la particularidad que tienen menos efectos adversos, es decir, más eficacia y menos molestias. ¿Por qué para acceder a ellas tenemos que pagar? ¿Por qué la vacunación de mi hija, así como la de tantos otros niños, debe significarles un proceso de vacunación tan doloroso?

No es mi intención darle a entender que mi inquietud proviene de una madre sobreprotectora y hasta “alharaca” de un hecho que usted, como médico, está acostumbrada a ver en hospitales y centros de salud -lugares donde abundan los dolores físicos y psicológicos-, sino que de una madre que considera injusto que, por descender de un origen humilde, se nos condene a pasar a nuestros hijos a un sistema que, desde mucho antes que pidieran venir, ya era selectivo con los que tienen y los que no.

Con mi testimonio, lo único que pretendo es sensibilizar su mirada y la de su equipo sobre los efectos secundarios de las vacunas, para que en un tiempo no muy lejano, puedan incluir en el PNI aquellas que hagan sufrir menos a nuestros niños y a las que hoy sólo las personas adineradas pueden acceder.

Desde ya agradezco la lectura de mi inquietud.

En el nombre de mi hija

Mea culpa

Para comprender lo que ocurre en Chile, primero, es necesario hacer un mea culpa profesional y ciudadano. La situación de la educación (U. del Mar y U. ARCIS, por ejemplo), la paupérrima salud a la que estamos expuestos donde prima el que tiene más capital, el robo a los trabajadores con el actual sistema de jubilación, y la usurpación de las empresas estatales durante la dictadura, son temas que se gestaron durante las décadas de los 70 y 80’s, pero que también se desarrollaron durante la época de la transición a la democracia y en los gobiernos de la Concertación.

Entonces, ¿cómo es que tan pocos periodistas han investigado y denunciado tales aberraciones? ¿Por qué hoy la ciudadanía se atreve a “golpear la mesa” ante lo que estamos viviendo? Es cierto que hoy la población chilena tiene mayores “acceso” a la educación y a medios de comunicación, y que tímida pero decididamente está alzando la voz. Sin embargo, la cultura del miedo que imperó durante el régimen militar aún sigue viva en la psiquis de los chilenos, y se acostumbró a tolerar los abusos y desconsideraciones de los sectores empresariales y políticos.

No debiera de sorprender si el punto de ebullición de la tolerancia llegó a lo más álgido. Más aún cuando se revelaron las boletas emitidas a Soquimich (SQM) por ex detenidos políticos/simpatizantes –sí, los mismos que fueron considerados parias, torturados y expulsados de Chile-, que sin asco estiraron sus manos para recibir dineros del ex yerno de A. Pinochet. O de aquellos familiares de detenidos desaparecidos que en el último tiempo han sido “premiados” como embajadores culturales en distintos parajes del mundo para acallar los pocos avances en materia de violaciones a los derechos humanos cometidos durante el régimen militar. Peor aún están aquellos parlamentarios que dicen ser leales con el actual programa de gobierno de la presidenta M. Bachelet o de su partido, pero que omiten temas de contingencia que evalúan su lealtad con la gente. Lugar donde ellos realmente debieran estar.

La moral del poder quedó desnuda en pleno escenario, y sin vergüenza asume como “normal” hechos que un país considerado civilizado no toleraría. Olvidaron que la política es para solucionar problemas cotidianos de la población y regular a quienes más tienen, y no una lucha de egos o de vanidad desenfrenada para mantener sus puestos.

Cierto es que Chile ha avanzado y no somos un país como Angola. Pero para los que creen que mi reflexión es apocalíptica, ¿a costa de qué o de quiénes? ¿Y luego nos preguntamos por qué la gente no va a votar? ¿Con qué interés irían si pase lo que pase su situación no mejorará? O ¿para quienes sí mejora? ¿Para los que se endeudan o los que tienen militancia/ cercanía política con algún partido?

Lo que ocurre en el país es más profundo de lo que se ve a simple vista. Es responsabilidad nuestra, los periodistas, y de la ciudadanía en su conjunto en cuestionarnos a tiempo los hechos para prevenir en vez de curar, idealmente.

Mea culpa

Carta abierta a ONU Mujeres Chile

Santiago, 02 de marzo de 2015

Estimados

Integrantes de ONU Mujeres

Presente.-

Mi nombre es Sue Carrié de la Puente, periodista chilena, y les escribo esta vez no como profesional de las comunicaciones, sino como una ciudadana común y corriente que quiso asistir al evento organizado por ustedes los días 27 y 28 de febrero pasados en Estación Mapocho, comuna de Santiago, Región Metropolitana, Chile.

Al enterarme por la prensa de los importantísimos tópicos que se tratarían en dicha actividad y con significativas expositoras del mundo público y privado del país y del mundo, consideré transcendental ser partícipe in situ del programa. Sin embargo, cuando me dirigí el día sábado 28, Carabineros y otros integrantes de la organización me negaron el ingreso. Según me indicaron, “solo era posible asistir con invitación exclusiva”.

Si bien siempre supe de su transmisión on line, como ustedes sabrán no es lo mismo estar presentes – lo que permite debatir, conocer experiencias y generar nuevas redes de apoyo/ayuda entre las mujeres de distintos parajes del orbe que pasaron dificultades para llegar a ser lo que hoy son-, que ver y escuchar por la web sin mayores intervenciones. Este hecho me dejó la sensación de que ONU Mujeres considera solo a algunas como líderes, ¿el resto no podemos o no tenemos el derecho de sentirnos/serlo como tales?

Les hago esta consulta, porque el viernes 27 ustedes abiertamente manifestaron su preocupación por la baja representatividad femenina en política y en otros temas del plató diario. ¿Qué se espera si eventos como este, de gran envergadura, pareciera que no están dirigidos para todas? Las que luchamos por más equivalencia e inclusión social, económica, cultural y política buscamos este tipo de iniciativas que suman a las que también tienen el mismo afán para que todas tengamos las mismas oportunidades de surgir y, así, sentirnos plenas como personas y profesionales.

De antemano, muchas gracias por sus atenciones.

Un cordial saludo,

S.C.

Carta abierta a ONU Mujeres Chile

Pregunta

Ante las repercusiones en el mundo universitario sobre los dichos del ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, en un programa de tv el pasado martes, y la inesperada baja del proyecto del Ministerio de Ciencia y Tecnología, ¿es posible reflexionar sobre la siguiente premisa?


 “Si aún está la discordia sobre cómo impulsar la educación superior chilena bajo el derecho inherente de todo ser humano y no como un bien de consumo, o sobre qué es educación pública o particular y quienes merecen mayor privilegio o no, ¿es posible esperar, en un corto o mediano plazo, que el parlamento considere a la ciencia como parte esencial de la cultura de un país y uno de los elementos trascendentales para el desarrollo de Chile?”


Pregunta

¡Quiero escribir sobre arte pero me sale espuma!

Por estos días, el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) exhibe y difunde las obras de 60 artistas chilenos que pertenecen a la generación Sub 30*. La idea, según representantes del MAC, es dar visibilidad a la enseñanza de las escuelas de artes visuales del país las que son, sin mediar proporciones, las más grandes** de Sudamérica.

La interpretación se la dejo a cada quien. Eso sí, recuerde que para reflexionar tiene que saber observar.

Por favor, antes que juzgue estas humildes imágenes, considere que no soy fotógrafa, solo una humilde facilitadora de información. Sé que además son poquitas, pero estas fueron las que mi longeva cámara de celular y mi visión me permitieron sacar.

Foto0342“Cinco palabras en una línea”, Martín La Roche

Foto0343“Propiedad privada”, Benjamín Edwards

Foto0348

“La casa del Brujo”, Javier Rodríguez

Foto0352
*Generación que incluye a artistas como Adolfo Bimer, Matías Santa María, Benjamín Edwards, Ignacio Wong, Javier RodríguezLino Fernández, Ignacio Gatica, entre otros.
**En cuanto a la cantidad de alumnos por Escuela.

¡Quiero escribir sobre arte pero me sale espuma!